La vida es disfrute, y para mí, uno de los mayores disfrutes de la vida,



además de mi familia y mis amigos, es un buen vino con unos ricos manjares,



y en un lugar difícil de olvidar. A partir de ahora, intentaré aportar recetas,



notas sobre buenos vinos (de aquí y de allá), Gin Tonics, interesantes hospedajes,



opciones de hostelería y lugares para visitar........con sus enlaces y



lo que todos querais opinar y aportar.........



lunes, 4 de octubre de 2021

Codornices con lentejas al gusto de higo




Es la época perfecta para arrancar con guisos, y además temporada de higos, así que se trata de una receta de las que podemos denominar de temporada, si incluimos que está al límite del fin de la veda de caza de la codorniz.


En este caso, por ser prácticos y ganar tiempo, vamos a usar unas lentejas cocidas de bote, eso sí, de buena calidad y BIO. Conseguiremos un fenomenal resultado en una hora y media, más o menos. Así que vamos a ello.

INGREDIENTES (4 - 5 personas)

Frasco grande (unos 700 gr.) de lentejas cocidas BIO.
Un par de codornices, no pequeñas, troceadas en cuartos.
Un pimiento verde italiano y un Palermo (rojo).
Media cebolla.
Una zanahoria.
Un puerro.
Bote de tomates pelados (podrían ser 4 - 5 frescos, y escaldar y pelarlos antes).
3 patatas.
Un bote de mermelada de higos 100%, o en su defecto elaborar una compota casera con 7 - 8 higos.
Aceite de oliva Virgen Extra (AOVE).
Vinagre Macho canario. Podría servir otro vinagre de potencia / intensidad alta.
Sal rosa del Himalaya.
Tomillo y romero frescos.


RECETA

En una cazuela grande, con AOVE, arrancamos marcando la codorniz en trozos, que se doren y hagan ligeramente. Tras reservar las codornices, incorporamos a ese aceite (o un poco más si se precisa) la cebolla, pimientos y zanahoria, sin necesidad de que sean trozos pequeños (trituraremos después).




Una vez comience a sofreir ligeramente, añadimos la mermelada de higos, y al poco salpimentamos, al tiempo que incorporamos un chorro de vinagre, un poco de tomillo y romero espolvoreado y los tomates. Finalizamos con el puerro, y dejamos a fuego medio hasta que coja un punto adecuado, sin que se nos pase.



A la vez, habremos preparado las patatas, peladas y en trozos medianos, para pasar ligeramente por Air Fryer (o microondas en su defecto); pueden llevar un ligero chorro de AOVE, algo de sal y un poco de hierbas aromáticas del guiso.


Entramos en la fase de triturar las verduras, que quede fino, como una crema (pero sin colar), y tras rectificar de sal si fuera preciso, incorporar las lentejas, las codornices y las patatas. Unas ramitas de tomillo y romero para aromatizar, y a gusto de cada cual se podría añadir una cucharada de vinagre, pero es importante que no perdamos ese ligero dulzor que los higos y el pochado de verduras nos ha de aportar.


Con fuego no fuerte, en cosa de unos minutos podremos tener todo al punto, aunque para eso hemos de probar todo y confirmar. Retiramos las ramas aromáticas.



De ahí al plato y disfrutar con calma, para lo que terminaría de ser un almuerzo perfecto si lo acompañamos con un vino tan excelente como el Impromptu Rosé de Bodegas Hispano Suizas, que nos dará pie a un maridaje sutil y equilibrado.




viernes, 1 de octubre de 2021

#SierraGourmet : LA CASA DE MANOLO FRANCO, hacia la Estrella Michelín en Valdemorillo




Puedo decir que hace unas fechas he podido disfrutar de un más que probable futuro Estrella Michelin, casi con total seguridad, o al menos eso pienso. ¿Por qué? Pues muy fácil, lo que expresa su cocina, los vinos, el local, una atención agradable y profesional, y todo con equilibrada RCP. Hablamos de La Casa de Manolo Franco, en Valdemorillo.

Además, si estuviera en Madrid, en vez de Valdemorillo, quizá llegaría al estrellato más rápido. Pero, a la vez, la ubicación es clave para entender muchos de los platos, por recuerdos, sentimientos, producto y concepto, y esto es algo que creo que no debe perder, y confío en que sea así.


Trabajan bajo el formato de menús degustación (entre semana uno ejecutivo, de asequible precio, los cuales pueden maridarse; pero la interesante carta de vinos (variedad de zonas y uvas) y la amplitud de opciones por copa (gracias a Coravin), a mí me llevan más a la selección y elección propia, y es que aquí los gustos de cada uno han de mandar.


El local es elegante y cálido, con mucha luz, infinidad de guiños a lo vivido y viajado, y a la familia, al tiempo que muy cómodo. Cocina vista (cada vez me gusta más esta fórmula), que permite observar ritmos y pasos a seguir.



Entrando en materia, la cocina de Manolo es, sobre todo, inteligente. Buena selección de producto, finura y técnica en las elaboraciones, tradición y recuerdos con introducción de toques innovadores de forma acertada, cantidades equilibradas, y muchísimo sabor.

Optamos por el menú más corto de la versión Solsticio de Verano (55 €, bebida aparte), que no escaso, y resultó perfecto, con un recorrido por el verano a lo largo de un día serrano por la zona, que arrancaba con un ligero "Amanecer" : Bellini a nuestro estilo y rosa de sol


Ya de cara al "Desayuno" : delicioso Brioche con ensaladilla rusa, Capuchino de gazpacho de fresa y espuma de quesos y múltiples matices en esas texturas de Tomate, ajo, aceite de oliva, sal...y albahaca. Unos bocados que creaban un conjunto perfecto para arrancar el día (en sentido figurado) con vitalidad.



Un clásico "Aperitivo", que no falte, pleno de historia, con esa
Caña en Casa Manolo : muy logrado con el Helado de cerveza sobre galleta de aceituna verde con milhojas de boquerón en vinagre.



Y no va mal un "Paseo por el monte" para hacer hambre : Tomillo, el nombre del plato; sublime sopa de tomillo (un paseo por la ladera de la montaña, sin duda), con muchas horas de elaboración. 



Y ya en el "Almuerzo", perfectos los puntos del Bacalao con tomate y eneldo, y la carne (del pueblo, producto km. cero), con esa Ternera de Hermanos Bravo de Valdemorillo con mole serrano...y humo del monte, además con acompañamientos muy bien ideados. 




Llegaba la "Noche Dulce", con la rica Sopa de fresa, hibisco, naranja y canela. Hasta aquí, perfecto, pero Manolo quiso que probásemos también un postre de matrícula de honor, la Higuera de la tía Santa, que es para que tomarse 3 cubos.



Y con el café, y de remate final, "Pequeños deseos".


El maridaje, que creí que podía acompañar muy bien, como así ocurrió, fue un fresco Godello (Benito Santos), un Albariño de notas salinas (Bodegas Albamar), un rosado de Soria y tono pálido (Roselito, Bodegas Antídoto) y un remate con una Mencía de Ribeira Sacra (Fusco, Bodegas Albamar). Buenos equilibrios.





Un verdadero placer, tanto lo degustado y disfrutado, como conocer a Manolo, y como los menús van cambiando con las estaciones, "me temo" que habrá que volver.




La Casa de Manolo Franco
C/ La Fuente, 6
28210 Valdemorillo (Madrid)
603662494
hola@restaurantelacasadevaldemorillo.es

viernes, 3 de septiembre de 2021

Pasta (sin gluten), alcachofas y tataki de atún



Vamos con una receta saludable y completa, con hidrato de carbono, verdura y proteína, todo bien enlazado. Y además libre de gluten.

INGREDIENTES

Pasta sin gluten (entre 80 - 100 gramos por comensal).
Corazones de alcachofa (si es temporada, perfecto sin son frescos).
Unos tomates secos en AOVE.
Alcaparras.
Cebollitas encurtidas.
Colatura de Alici.
Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE).
Pimienta de Jamaica.
Sal marina.
Un par de piezas de atún rojo para tataki.
Salsa de soja.
Vinagre de arroz.
Salsa Worcestershire (la conocida Perrin's).
Un poco de pasta de wasabi.
Jengibre (fresco o, mejor, encurtido).
Hojas de albahaca morada y cebollino fresco (de adorno).
Agua.

RECETA

Ponemos a marinar el atún, durante unos 30 minutos, y girando cada 5 - 10 minutos las piezas, en mezcla compuesta por salsa de soja, vinagre de arroz, salsa Perrin's, wasabi y jengibre.



Mientras, en una sartén amplia y con un poco de AOVE, salteamos los corazones de alcachofa, cortados por la mitad. En cuanto se doren un poco, incorporamos los tomates secos (un par por cabeza) y las cebollitas, todo con un golpe de pimienta. Chispazo de colatura de alici (que dará intensidad, al tiempo que sustituirá la sal), para acabar con unas pocas alcaparras, para salteado final. Reservamos.



Marcaremos el atún, a fuego fuerte, para que quede dorado por fuera y en intenso tono por dentro. Si fuéramos a comer solo el tataki, podríamos envolver en sésamo; en este caso, no es preciso. Cortamos en trozos de un dedo, más o menos.



Cocemos la pasta (en agua y sal), según las indicaciones del fabricante. Una vez en su punto, y con un poco de la salsa del marinado, añadimos a la sartén de las alcachofas, y realizamos un salteado último antes de emplatar.



Un poco de cebollino picado, los trozos de tataki, chorro de AOVE y unas hojas de albahaca (morada), de adorno final.




Un rosado intenso podría ser un perfecto acompañamiento, pero también un blanco con cuerpo y notas salinas.