Hace unos meses cambió de manos en la gestión, tras varios años (desde 2015) gestionado por Raquel y su socio; ahora encuentras al frente, junto a su socio, a la encantadora Elba, que denota unas enormes ganas por agradar y seguir la misma línea que había cuajado entre sus clientes, por hacer que te sientas a gusto.
Fantástica selección de vermús (varios de la zona) y de vinos (la mayoría nacionales, con algunos guiños franceses), con unas 20 referencias por copa y varias "joyas" para los amantes del vino. Precios contenidos, por no decir económicos, y alternativa de consumo en local, pero también de compra para casa.
Buen tapeo, a base de lateo de calidad de primera, salazones y encurtidos deliciosos, y alguna elaboración, que sin dejar de ser sencillas, no falla por producto y terminación, sin necesidad de florituras. Y a esto se añade un buen aceite de oliva que todo lo riega y lo mejora.
El local tiene un tamaño contenido, donde se funciona a base de taburete alto, eso que tanto me gusta, y no falta detalle en sus estanterías y paredes. Se genera una atmósfera diferente, de aquellas que hace que te encuentres en un bar de los de verdad (de antes y de siempre), en los que estás más a gusto que en casa. Mucha historia detrás, pasando de comercio clásico de barrio a taberna para vivirla.
Por toda esta suma de lo mencionado, junto con esa honestidad y cariño hacia lo bien hecho, no puedo dudar en recomendar que no se pueda dejar de pasar por allí si uno visita Valencia.












