Ciudad para pasear y disfrutar, y con ello inmortalizar cada esquina, incluido su Mercado Central.
Es una ciudad que vivió una época de esplendor en pleno Imperio Austrohúngaro, por el amor de Sissi (Isabel de Baviera), la emperatriz, a Budapest (y quizá también al Primer Ministro Andrássy), al tiempo que "huía" de su estricta suegra austriaca. Esto trajo esplendor en forma de parte de los edificios que a día de hoy todavía se disfrutan paseando (la mejor forma de conocer el centro histórico), y también el espectacular edificio del Parlamento, el mayor edificio del país, y segundo Parlamento de Europa en tamaño, tras el británico.
Es una ciudad que vivió una época de esplendor en pleno Imperio Austrohúngaro, por el amor de Sissi (Isabel de Baviera), la emperatriz, a Budapest (y quizá también al Primer Ministro Andrássy), al tiempo que "huía" de su estricta suegra austriaca. Esto trajo esplendor en forma de parte de los edificios que a día de hoy todavía se disfrutan paseando (la mejor forma de conocer el centro histórico), y también el espectacular edificio del Parlamento, el mayor edificio del país, y segundo Parlamento de Europa en tamaño, tras el británico.
La vida discurre a ambas orillas del río Duna (Danubio), que no se ha de dejar de disfrutar navegando, con la zona alta de Buda (a cuya orilla occidental también se encuentra la Vieja Buda (Óbuda)), y la más turística y bulliciosa que es Pest. Hay 7 puentes principales, de los que destacan el Puente Margarita, con su acceso a la isla del mismo nombre, el Puente de la Cadenas (un icono de la ciudad, flanqueado por leones), el Puente de la Libertad (conectando, con su tono verde, el Mercado Central y la colina de Gellért) y el Puente de Isabel o Erzsébet (de tono blanco).
A día de hoy, en caso de viaje para conocer Budapest, es importante manejarse mínimamente en inglés (se habla en casi cualquier sitio), dado que apenas encontrarás gente que te atienda en español, y porque el húngaro es uno de los 3 idiomas más complicados, con una gramática casi imposible.
En nuestra visita de 4 días pudimos acercarnos a todos los puntos de la ciudad que nos habíamos marcado, con lo que 3 - 4 días es tiempo suficiente para una primera incursión. Es ciudad de termas (aunque no llegamos a acceder a ninguna, quizá por pereza y la época), con un importante barrio judío (a caballo entre la Gran Sinagoga y los Ruin Bars), paseos en barco (no debe faltar uno por la noche o atardecer), buenos top roof y bonitas imágenes para inmortalizar, incluidas las que encuentras en la Isla Margarita, antes mencionada.
Sin duda, algo que nos permitió acercarnos, con humor e información en español, a las "tripas" de la ciudad, fue el excelente Free Tour por Pest con Martina ( @martinalaguiadebudapest ), probablemente el mejor que hemos disfrutado en nuestros viajes por Europa. Buenas recomendaciones finales, tanto para realizar visitas, comer o hacer compras.
Merece la pena subirse a la Noria de la ciudad, si no se tiene vértigo, y así poder admirar desde las alturas múltiples rincones de la ciudad. Cerca de la plaza Erzsébet, donde se encuentra, se accede a la zona de la Basílica de San Esteban (donde encontrar la Santa Diestra, mano momificada (de manera natural) del santo y primer monarca de Hungría, pero también algo que sorprende, y es que en la Cripta descansa Ferenc Puskas, gran figura futbolística, aunque no está claro que sea la ubicación más apropiada 🙅).
La Avenida Andrássy es un elegante bulevar, de más de 2 Km., zona de la Opera, el Museo del Terror y las tiendas de lujo, y que desemboca en la Plaza de los Héroes. Merece la pena recorrerla, con un paseo tranquilo, admirando edificios y zona de alto nivel húngaro.
Lo más bonito de Buda es probablemente verlo desde Pest. Una vez allí, observas que se ha convertido en centro de instagramers, fotógrafos amateur con ansias de buscar el mejor hueco y "modelos" de saldo que "posturean" sin vergüenza. En cualquier caso, no pueda faltar la visita, y conseguir espectaculares imágenes de Pest.
Mucho que ver en Pest, ambiente animado y los Ruin Bars que destacan y divierten, y donde no se puede dejar sin visita el Szimpla Kert.
En lo gastronómico, muy interesantes vinos y una comida contundente, además de bastantes dulces (con sus "chimeneas"); os dejo alguna referencia de bares y restaurantes, como DiVino (con las múltiples referencias locales como base), el sublime Konyvbar (comer a lo largo de los libros) o el precioso New York Café.
¿Volveré? ... nunca se sabe.





























































































































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