Hay que aprovechar cada instante







La vida es disfrute, y para mí, uno de los mayores disfrutes de la vida,



además de mi familia y mis amigos, es un buen vino con unos ricos manjares,



y en un lugar difícil de olvidar. A partir de ahora, intentaré aportar recetas,



notas sobre buenos vinos (de aquí y de allá), Gin Tonics, interesantes hospedajes,



opciones de hostelería y lugares para visitar........con sus enlaces y



lo que todos querais opinar y aportar.........



miércoles, 5 de febrero de 2025

Roma, cada vez me gusta más



Son ya diversas las veces que he visitado la "Ciudad Eterna", siendo joven, casi un niño, en familia, en pareja, con amigos, ... , y la conclusión tras cada viaje es la misma, pero en aumento con el paso del tiempo : 
Roma es probablemente mi ciudad europea favorita para visitar y para volver, por su historia, por sus monumentos, por la forma de ser de sus gentes, por sus vinos, por los paseos, por una gastronomía de nivel.conocí Roma por primera vez. La verdad es que no recuerdo si lancé una moneda a la Fontana de Trevi en algún momento, y así, según marca la tradición, poder estar de vuelta en el futuro, pero seguiré siendo un fiel visitante siempre que pueda.


Roma es pura historia, y no sólo por los más de 2.700 años de existencia, sino también por ser un cúmulo de rincones de la historia del cine, de la política, de momentos bélicos, del mundo gastronómico cercano, ése de las trattorias, cafés y pequeñas tabernas, pero también de la alta cocina partiendo de la tradición. Roma Antigüa y Roma Moderna, pero siempre Roma según su palíndromo : Amor.


Es una ciudad de fuentes y plazas; no hay ninguna ciudad del mundo que tenga más fuentes que ella, por encima de 2.000, y algunas de ellas todavía alimentadas por alguno de los 11 acueductos originales, como la Fuente de la Barcaza (en Plaza España), la Fontana de Trevi (monumental y sorprendente en esa plaza de no grandes dimensiones, pero mucho encanto) o las de la Plaza Navona.



Roma es alboroto y griterío, algo a lo que los españoles estamos bastante acostumbrados; es locura en la conducción (aunque diría que cada vez menos .... o es que me estaré acostumbrando), con motoristas, taxistas, automovislistas e, incluso, policías, como si fueran los "Autos Locos" ... atención extra en los pasos de cebra, y resuelto. Y es que es ciudad para caminar, admirar y disfrutar. Hay que dejarse atrapar por su ambiente, saborear con calma su gastronomía y vinos, intentar convertirte en romano por unos días.




Si se dispone de más tiempo, perfecto, pero en viajes de unos 3 - 4 días hay una serie de imprescindibles que no se han de dejar de visitar, y para los que hay que organizarse bien. Muy aconsejable un alojamiento razonablemente céntrico que permita un fácil desplazamiento, aunque es importante hacer una buena selección que dé lugar a una adecuada RCP.


Sin duda, hay que dejarse asombrar por lo que El Vaticano ofrece, con un derroche de belleza y lujo difícilmente superable. Si se opta por visitar los Museos Vaticanos, algo que si no sobra tiempo no está entre mis imprescindibles, es clave adquirir por internet las entradas por adelantado, dado que en caso contrario puedes sufrir un par de horas de cola para comprarlas allí, o pagar un plus de guía para entrar en grupo, lo cual no recomiendo. Todo el  mundo va buscando la Capilla Sixtina, y una vez allí, si bien resulta sorprendente, sus "limitadas" dimensiones y el tremendo aforo no permite siempre captar al 100% los detalles. Sin embargo, sí creo imprescindible acercarse a la Plaza de San Pedro, realmente grandiosa, y adentrarse en la majestuosidad de la Basílica, recorrerla con cierta calma y sencillamente admirar semejante maravilla.





El Trastévere es pura Roma, reducto para los locales, pero cada vez con mayor número de visitantes foráneos, gracias a su encanto de callecitas adoquinadas, multitud de pequeños locales para calmar la sed y el hambre, y ambiente desenfadado. Perfecto para la cena o la comida, con un aperitivo (el nuestro de día, con el vermú, o el italiano, de tarde) por delante. Es una zona de máximo interés para visitar a esta orilla del Tíber, junto con El Vaticano y el Castillo de Sant Angelo (lo mejor sus vistas), y a estas zonas es recomendable llegar en transporte público, pero Roma está hecha para ser recorrida a pie, sin prisa y con ganas de disfrutar. Cruzando el río, y no lejos del inicio del Trastévere, se hace casi tradición llegar a la Bocca della Veritá para hacerse una foto "arriesgando" la mano.







Un paseo muy agradable es el que puedes arrancar desde la Plaza Barberini, junto a la Fuente del Tritone y observando el Hotel Bernini, para dirigirte desde allí a la parte de arriba de la Escalinata Española por Vía Sistina, continuar bordeando por debajo de Villa Medici, donde tendremos fabulosas vistas de la ciudad, hasta la Piazza Napoleone. La Piazza del Popolo quedará a tus pies, y allí puedes dirigirte descendiendo el monte Pincio; tomando la Vía de Babuino hasta la Plaza de España, donde podremos sentarnos un rato en la escalinata o fotografiarnos junto a la Fuente de la Barcaza, es buen momento para un alto en le paseo. Y no se puede salir de tan insigne plaza que por la elegante Vía Condotti, con sus lujosas tiendas, para desembocar en la comercial Vía del Corso (¿cuántas tiendas tendrá y de qué nivel de lujo?). 



Siguiendo la ruta, se avanza divisando al fondo el Monumento a Vittorio Emanuelle II, el Vittoriano, sin duda imponente y antesala de la Roma Antigüa, pero antes puede uno desviarse adentrandose en el barrio de Trevi, donde encontramos el Quirinale y, sobre todo, uno de los más bonitos e impactantes monumentos de Roma : la Fontana de Trevi. Altamente recomendable en la zona, si aprieta el hambre, tenemos Il Chianti, restaurante-vinoteca de estilo toscano, donde no se saldrá insatisfecho.



Vía del Corso es una importante arteria romana, por lo comercial como antes mencionaba, pero también por ser enlace entre zonas, y a la vez separación de otras. Entre esta calle y el Tíber tenemos el Centro Histórico, otro de esos imprescindibles. Infinidad de calles para pasear, multitud de iglesias que no se han de dejar de visitar, trattorias y tascas junto a alguna de las mejores heladerías, cafés bien dispuestos y enotecas que te llaman la atención. Espléndida la Plaza Navona con sus 3 hermosas fuentes; Campo de Fiori, esa plaza mercadillo de día y zona de restaurantes y ambiente de noche; sencillamente espectacular el Panteón de Agripa, imponente por fuera, bello por dentro, y además la estructura mejor conservada de la antigüedad.


Especial mención, y muy recomendable, realizar un recorrido por algunas de las principales y más emblemáticas iglesias romanas (y ninguna de pago. La Iglesia de Santa María la Mayor, que acoge la tumba de 6 Papas, y con consideración de una de las 4 Basílicas Papales, se alza inmensa en su ubicación. San Pietro in Vincoli (San Pedro Encadenado) resulta una iglesia de aparente sencillez externa, en un rincón medio oculto, pero con el imponente Moisés de Miguel Angel en su interior. Y de ahí llegar a la majestuosa Archibasílica de San Juan de Letrán, la iglesia más antigua del mundo, y de ahí que se la considere la Cabeza y Madre de todas las iglesias, y primera residencia oficial de los papas, lo que podríamos considerar, en origen, la Catedral de las catedrales; y muy cerca de ella, como vestigio histórico del cristianismo, la Escalera Santa, aquella que Jesucristo ascendió, por sus 28 peldaños, camino de su ajusticiamiento. 








Nos queda hablar, aunque en Roma hay mucho más, de una zona que no ha de faltar en la visita : el entorno del Anfiteatro Flavius. ¿No sabeis a qué me refiero? Tuvo capacidad para 75.000 personas y muy cerca Nerón se construyó (su figura) una enorme estatua de bronce y 40 metros de altura, que los romanos originales llamaron el coloso, y de ahí el nombre de lo que ahora conocemos como Coliseum (Colosseo). Excepto el primer domingo de mes, cuyo acceso es gratuito y no se puede reservar, si se desea visitar, lo adecuado es llegar con las entradas anticipadas o, en el peor de los casos, sacarlas en las taquillas de los Foros Romanos donde encontraremos algo menos de cola. El trayecto habitual es el que comienza en el Colosseo, sensacionales vistas fuera y recuerdos de otra época dentro, aunque mucho más si pensamos en lo que realmente era con sus empinadas gradas de mármol y la zona de arena que absorbiera bien la sangre de animales y gladiadores, y en otros momentos estadio de luchas de embarcaciones (cuando auqellos se inundaba para tales fines); se sale para dirigirse hacia el Monte Palatino tras admirar el Arco de Constatino (uno de los 3 arcos de la victoria que quedan en Roma, en la misma zona, junto al de Tito y el de Settimio Severo), pasear por los restos del Templo de Venus y adentrarse en los Foros Romanos, historia en estado puro.





Pero no todo es hacer fotografías y visitar monumentos 😉; cuando se viaja hay que conocer a sus gentes y su gastronomía, parte importante de su cultura y forma de ser. Por eso os dejo algunas pistas de varios buenos sitios para comer y beber en condiciones, y como en la mayor parte de Roma, a precios razonables. Uno ya os lo he nombrado, Il Chianti, posiblemente lo mejor en Trevi; en una zona muy turística como la Roma Antigüa me parece curioso hacer una visita a Cleto, taberna sin grandes pretensiones con comida sabrosa y cuantiosa (y bastante clientela local), además de bastante alboroto; no lejos de la Plaza de España, en una callecita peatonal y con una pequeña terraza, el elegante Dillá, con buen producto y elaboración, y una amplia carta de vinos, aunque a precios algo más elevados que otros locales de la zona. En el Centro está muy de moda, y es totalmente entendible, Cipasso, donde ni la comida ni sus vinos (y amaros) te defraudarán. En Trastévere hay mucho y bueno, así que os dejo 2 referencias : Ai Bozzi, elegante cocina tradicional romana, y enfrente buenos vinos y vermú, sin desestimar la comida, en Vinallegro; pero hay mucho más. Y uno de los que más me gusta y recomiendo, tras haberlo disfrutado con calma, Trattoria Al Gran Sasso, cercano a la Piazza del Popolo; dividido en 2 pequeños salones, comida clásica del Lacio de muy buen nivel a precios ajustados y donde los romanos son habituales clientes. 






Si con esto no os he convencido, lo mejor es que lo comprobéis por vosotros mismos, y así certificar que Roma siempre será ETERNA.





miércoles, 1 de enero de 2025

Visitando parte de Puglia, alrededor de Bari



En "el cielo pintado de azul" ("Nel blu dipinto di blu"), una deliciosa descripcicón de aquella zona del tacón italiano, que nos cantaba uno de sus más ilustres vecinos : Domenico Modugno. 
Y es que Puglia (Apulia en terminología más anglosajona) destila un tono azul en cada rincón, con distintas tonalidades en el mar, el cielo, las puertas y ventanas de las casas,...




No es de las zonas italianas de mayor turismo internacional, pero, sin embargo, son los propios italianos unos turistas siempre dispuestos a conocer aquellos rincones, y sin duda merece la pena. Por una cuestión de tamaño y distancias, hay que fijarse el tiempo de estancia en función de los pueblos y ciudades que se quieran conocer, además de tener en cuenta la temporada del año en la que se visita. En nuestro caso, que optamos por Diciembre y sólo 3 días disponibles, nos centramos en tener como base la ciudad de Bari, y de ahí, alquilando un coche (lo más cómodo e "italiano", un Fiat 500), seleccionamos 5 pueblos para visitar.



Durante el primer día, optamos por visitar la zona costera y más reconocida cerca de Bari, y así nos plantamos en Monopoli, con un casco viejo de callejas y empedrado, que desembocan en el puerto, donde poder encontrar Trattorias para degustar un plato típico de la zona, no apto para todos los paladares, como el marisco y pescado crudos, el "sushi" pugliano. 






Como el horario de comida en Italia es muy a la europea, normalmente, dio tiempo de llegar de día a la localidad de Domenico Modugno, la conocida y fotografiada Polignano a Mare, con esos tonos blancos y elegantemente encaramada en un acantilado donde el Mar Adriático impacta y deja su marca. Un lugar perfecto para dejar caer la noche.



De vuelta a Bari, tras un rápido paso por nuestro alojamiento, el céntrico Hotel Boston, un paseo sin complicaciones por Bari Vecchia, haciendo algo de tiempo para terminar el día en el agradable ambiente de la elegante Enoteca del Centro, donde se pueden comprar excelentes vinos y degustar in situ buenas viandas bien regadas.





Ya de lleno en la segunda jornada, el plan era visitar, sin prisas, 3 de los pueblos de interior con más encanto. Arrancamos con el desplazamiento hasta Gravina in Puglia, donde nos dedicamos a recorrer su casco antigüo, cruzar y fotografiar desde distintos ángulos su reconocible Puente del Acueducto (rodeado de tradiciones), o sorprendernos con sus iglesias rupestres. Un pueblo muy visitado, lo cual comprobamos a la salida, por el enorme número de coches que hacía allí se acercaban, formando un imponente atasco (del que nos libramos).





Pusimos rumbo, en la idea de llegar a comer, hacia las otras dos localidades, en territorio de trullos (trulli). Por cuestión de iluminaciones navideñas, comenzamos por Alberobello, ese lugar de ensueño y cuento de otras épocas, una joya perdida en el Valle de Itria. La elección para comer fue, sin duda, excelente : Trattoria Terra Madre, acogedor en todos los sentidos, con un amplio huerto propio, que te obligaba a proar sus platos de verduras en perfecto punto de elaboración; una carta limitada, pero bien seleccionada, y unos vinos que completan perfectamente la oferta. Se encuentra junto al Trullo Sovrano, en la parte Norte y el único con 2 plantas de los 1.500 inscritos desde 1996.







Tras pasar junto a la imponente Basílica Santi Medici, irremediablemente nos dirigimos hacia el Distrito Monti, donde se concentran la mayor parte de los trulli, y entre cuyas callejuelas te transportan a lo que parece un escenario preparado para una película. Comercios, alojamientos y casas privadas se entremezclan, y resuelta difícil no quedarse embelesado con tanto encanto cautivador.







Empezaba a caer la noche, y era el momento de rematar las visitas del día, con otra enorme sorpresa, muy cerca de allí : Locorotondo. Y es que la iluminación navideña de toda la zona del Casco Viejo (hasta lo que denominan el "paseo marítimo") convierte el lugar en uno de los pueblos navideños más bonitos en cuanto a sus adornos, guirnaldas y luces. Un vino con calma, ante la gran marabunta humana que recorría sus calles de casas blancas, no faltó, entre paseo y paseo, admirando cada rincón decorado.








Vuelta a Bari, ligero paseo y cena en otra de las interesantes vinotecas que tanto se prodigan en la ciudad : Enomezcla, donde combinan su buena carta de vinos, con una carta de platos internacionales de distintos estilos.



El último día, para evitarnos desplazamientos, lo dedicamos a la capital de Puglia. Tras acercarnos a la zona del puerto pesquero, y observar a los pescadores que ofrecían sus productos frescos, nos dirigimos al paseo costero, y desde ahí acceder a Bari Vecchia a la altura de la Basílica de San Nicolás (Siglo XI), el patrón de la ciudad. Rincones y calles angostas, esas señoras elaborando orecchiette (pasta en forma de "orejitas", que le da nombre) a la puerta de sus casas, y acabar desembocando en la plaza de la Catedral (San Sabino), donde disfrutar sin prisa de un buen vermú admirando su fachada principal, para salir de la zona junto al Castillo.








Sólo quedaba buscar un buen sitio para comer, antes de la vuelta, y optamos por alejarnos un poco del centro, a unos 25 minutos andando, seleccionando un local con mucha afluencia autóctona : Peppo. Pasta fresca (donde no podían faltar unos orecchiette, claro) y variadas entradas, con una buena RCP, en un ambiente agradable y con atención adecuada.



Ya sólo queda pensar en el siguiente viaje...