Hay que aprovechar cada instante







La vida es disfrute, y para mí, uno de los mayores disfrutes de la vida,



además de mi familia y mis amigos, es un buen vino con unos ricos manjares,



y en un lugar difícil de olvidar. A partir de ahora, intentaré aportar recetas,



notas sobre buenos vinos (de aquí y de allá), Gin Tonics, interesantes hospedajes,



opciones de hostelería y lugares para visitar........con sus enlaces y



lo que todos querais opinar y aportar.........



jueves, 6 de agosto de 2015

Nápoles, ciudad "sin ley"



El título podría llevar a equívoco, y no quiero que sea así, dado que Nápoles, a diferencia de lo que mucha gente piensa, es una ciudad bastante segura. Eso sí, cuando hablamos de conducir.......según palabras de nuestro taxista Giuseppe, "Los semáforos en rojo son opcionales"; no digo más. Antes de seguir, quiero agradecer al propio Giuseppe sus servicios prestados, y que quedarán descritos más abajo, a la vez que dejar sus datos para quien desee hacer uso de sus servicios : +39-366-451-7929 / giuseppetaxinapoli@libero.it ; un gran guía.

El día que pasamos en Nápoles lo aprovechamos al máximo, pero sin duda creo que es una ciudad (y alrededores) para disfrutar durante unos 3 días. Nada más desembarcar (fue una de las paradas de nuestro crucero por el Mediterráneo de hace unos días), nos encontramos en el puerto ante la tesitura de recorrer con calma la ciudad o pensar en un plan alternativo, más completo. La respuesta llegó pronto, ya que al ser ocho personas, el desplazamiento se tornaba complejo si no era en autobús o tren, y eso nos haría perder demasiado tiempo (que no sobraba), con lo que encontrar a Giuseppe, y su taxi que nos daba la opción de ir todos juntos, fue casi una bendición.



Planificamos la ruta, siempre con opciones de cambio, y nos lanzamos a la aventura, en dirección a Pompeya, primera parada, casi obligada en la zona. De camino pudimos observar perfectamente el Vesubio, considerado el volcán en activo más peligroso de Europa, como nos explicó Giuseppe, ya que está tapado con una gran roca, que no da pistas con fumarolas de cuándo puede entrar en erupción, y además son muy violentas. Al pie de este espectacular volcán de algo menos de 1.300 metros de altura, encontramos la antigüa ciudad romana de Pompeya, la cual quedó sepultada por el propio volcán allá por el 79 d. C.; se trató de la segunda ciudad por importancia, tras Roma, del Imperio Romano, y posiblemente la primera a nivel comercial. Sorprende cómo, en parte en gracias a los trabajos de restauración, se puede percibir en toda su magnitud, con sus calles y avenidas, plazas y teatros, termas y todo tipo de construcciones. Eso sí, una recomendación : mejor visitarla en épocas de no mucho calor.




Le dedicamos un par de horas, si bien se precisan unas cinco para ver toda Pompeya con calma y sin perder detalle. Al término, nos dirigimos de vuelta hacia Nápoles : Se podría denominar que es una ciudad de tráfico loco, donde la policía es bastante permisiva con las numerosas infracciones que se producen al conducir; si no eres de allí, debes ser atrevido y no verte intimidado (en esto, quizá un madrileño como yo, no se sentía incómodo).


Le había pedido a Giuseppe que nos llevara a degustar las famosas pizzas de Da Michele, de las que escribiré un post al respecto. Como nos avanzó, a la llegada encontramos gran número de personas esperando a la puerta, pero Giuseppe hizo una buena gestión (nos colamos a todos) y pudimos pedir unas pizzas para comer fuera, en la parte de atrás del taxi, a modo de merendero. Fabulosas pizzas, las mejores que he probado en mi vida, y a un precio ridículo.




Tras reponer fuerzas, y todavía con cierto regusto a tomate y albahaca frescos, junto con rica mozzarella, nos adentramos por la zona auténtica de Nápoles, con esas callejuelas estrechas tan típicas, gente a pie de portal y terrazas desde las que alcanzar lo que otros les mandan desde la calle. Y en todos esos rincones, ya comienzan a preparar, sí a finales de Julio, los Pesebres (Belenes) para Navidad.




El Duomo, la catedral napolitana, queda eclipsada en mitad de una estrecha calle, pero no por eso hemos de perderla de vista, ya que por dentro es preciosa, y aún más, en un lateral, la Iglesia de San Génaro, el patrón de Nápoles.




Dar una vuelta por el Paseo Marítimo no ha de faltar, con esos locales que invitan a sentarse y disfrutar dejando pasar el tiempo, y al fondo Capri, una de esas opciones que quedan en tareas pendientes. Es una zona donde las parejas pasean, se hacen carantoñas y piensan que están en plena película italiana, a lo Sofía Loren.


Del resto, son muchas las zonas interesantes, pero uno no se ha de olvidar el Palazzo Reale, y justo enfrente, imponente, la Piazza del Plebiscito y la Basílica de San Francisco de Paula, que por momentos recuerda al Vaticano.


Y para rematar, antes de volver al barco, una vuelta por la zona comercial, un buen helado en una Heladería-Chocolatería de la que no recuerdo el nombre (lo siento), pero que estaba junto a la Galería de Umberto I, por donde se ha de atravesar, y visita final al Maschio Angioino, un castillo justo enfrente del puerto.



Pues sí, Nápoles, ciudad ruidosa y loca en circulación, me ha gustado, me ha hecho disfrutar, me ha hecho sentir algo especial...........sin duda, volveré, con más tiempo.

domingo, 19 de julio de 2015

Ensalada de aguacate con bacalao y salmón ahumado



Seguimos con recetas frescas para el verano, pero a la vez con sustancia y muy saludables.

INGREDIENTES

2 aguacates maduros
3 palitos de surimi
Bacalao ahumado (100 gramos) 
Salmón ahumado (150 gramos)
Cebollino fresco (para adornar)
Para la vinagreta :
Medio vaso de zumo de naranja
Aceite de oliva virgen extra
Miel
Sal del Himalaya
Pimienta de Jamaica
Cebollino
Eneldo

RECETA

Algo realmente sencillo. Base de aguacates (cortados a gusto de cada cual) y los palitos de cangrejo picados. Por encima el bacalao, y el salmón rodeando.




La clave es la vinagreta, que preparamos con los ingredientes indicados, procurando que emulsione bien. Las cantidades, en este caso, lo dejo a elección de cada uno, en función del gusto por el aceite y la potencia que tenga el que useis, al igual que las especias y el salpimentado. Es importante que se note el toque de naranja. Rociamos por encima.


Rematamos, adornando con el cebollino.


miércoles, 15 de julio de 2015

#SierraGourmet : LA MORADA (MORALZARZAL). Un soplo de aire fresco



Siempre es de agradecer que un grupo de jóvenes, no exentos de experiencia, se junten para crear un proyecto que haga florecer la gastronomía serrana. Pues esto es lo que han hecho Eva, Alberto y Jorge en La Morada, donde llenos de entusiasmo y buen hacer, están sacando adelante (no lleva más de unos meses abierto) un restaurante uniendo lo que yo siempre he pensado clave en un buen restaurante : acertada gastronomía, buena selección de bebidas (cervezas, vinos, vermús, coctelería) y un servicio atento y de calidad.


Se trata de un bonito local en piedra, con toques decorativos poco a poco bien trabajados, buena terraza y unas sensacionales vistas desde la planta de arriba, muy apetecible en pareja o con amigos. Dan servicio a una urbanización (sobre todo, en la época veraniega), pero a diferencia de anteriores concesionarios en la misma ubicación, le han dado un toque diferente y diferenciador, con estilo propio y buen gusto.


La cocina de Alberto permite disfrutar de tapas, tanto al mediodía como por la noche, así como de platos bien estructurados, muy basados en el producto, tras una adecuada selección y aprovechando la temporada y la zona, fieles a lo madrileño. Es una carta en evolución, y siempre puedes encontrar interesantes sugerencias.




Fresca ensalada de tomates de Carabaña, siempre es buen arranque, junto con los langostinos en tempura y deliciosa salsa  kimchee o el foie casero con compota de manzana. Uno no debe dejar de probar el Chuletón de rubia gallega, carne en su punto pasada por las brasas de carbón; en pescados, realmente recomendable el taco de atún rojo en tataki, las ventrescas de bonito y las corvinas de Isla Cristina con escabeche de olivas, migas y huevo escalfado. Hay mucho más, pero mejor acercarse y conocerlo. Para los niños hay menú infantil, pero yo les aconsejo lanzarse a por la hamburguesa.




Los postres, artesanales y caseros. Sin duda, el milhojas de merengue y limón sensacional, que puede complementar perfecto el sorbete de mojito o la fruta de temporada.



En sala, Jorge y Eva siempre te recomendarán bien, además de dar un servicio impecable. Respecto de los vinos, es bueno dejarse llevar por sus consejos y esa buena carta, con variedad precisa y precio muy correcto; blancos de Mallorca (gratísima sorpresa el Quibia de Anima Negra), albariños diferentes y tintos con muchas alternativas de uva y D.O. Para el arranque, un rico vermú, y en la sobremesa, buenos Gin Tonics.



En definitiva, perfecto conjunto para que puedan alcanzar el éxito. Absolutamente recomendable.

Precio medio por persona, a la carta : En torno a 35 €

Horario : De Jueves a Domingo, todo el día; Lunes y Martes al mediodía; Miércoles cerrado

La Morada de Moralzarzal
C/ Cañada, 48
28411 Moralzarzal (Madrid)
918427976
reservas@lamoradademoral.es

lunes, 6 de julio de 2015

DSTAgE : Una experiencia inolvidable en casa de Diego Guerrero



Cuando meses atrás reservé, encontrando uno de esos huecos para la hora de la comida de un viernes, pensé que iba a disfrutar de forma especial.....sin embargo, las sensaciones fueron incluso mayores que la expectativa creada, y el recuerdo que me quedará para siempre será difícilmente olvidable.






Llegábamos mi mujer y yo unos minutos después de las dos; eramos los primeros de las doce mesas de las que dispone este local, con un diseño creativo e informal, con un toque neoyorquino e industrial, y todo de la mano de alma máter del proyecto, Diego Guerrero. En la planta principal, zona de bar nada más entrar, el comedor dividido en dos espacios y una cocina vista para disfrute de los amantes de lo gastronómico en su máxima expresión; abajo, y conectado por dos escaleras, zona para eventos, la bodega acristalada, unos baños con un diseño muy a la par con el resto y un espacio luminoso a modo de huerto urbano, donde el equipo dispone de unos cuantos productos a emplear en las fabulosas elaboraciones que allí presentan. Pensamos de dónde venía el nombre, y la respuesta estaba en la pared.



Habíamos optado por el menú corto (creo que un acierto), que de diez platos anunciados se transforma en catorce, si le sumas los aperitivos, prepostre y remate final. Nada más entrar ya notas que te adentras en un espacio singular, lleno de atención y cortesía, digno de esas dos estrellas Michelín que detentan (y que no creo que tarde en llegar la siguiente); tras la recepción, comienza la detallada explicación del proceso a seguir, que arranca con un aperitivo en la zona de bar. Mis ojos se fueron hacia los vermús, con una muy interesante selección; para arrancar, ese delicioso vermú blanco de albariño de Nordesia. El aperitivo crea una atmósfera de brujería y encantamiento, envuelto en humo con olor a mar : Erizo de mar con dashi cítrico; potencia marina perfectamente equilibrada con ese punto ácido y cítrico.



Antes de sentarse, toca un segundo aperitivo, en esta ocasión elaborado en directo, en la zona de barra de salida de platos de la cocina. En ese momento he de decir que yo ya andaba algo embobado, mirando aquí y allá todos los detalles. El plato, un cebiche de carabinero en roca de sal (rosa del Himalaya), presentado sobre hoja de plátano y rematado con caviar cítrico; una explosión de sabor en boca, donde encontrabas una infinidad de matices.


El hecho de ser los primeros en llegar, creo que fue el motivo de poder ubicarnos en la que creo que es la mejor mesa del local, por la luminosidad que tienes a la espalda y por estar justo delante de la zona de cocina, y poder apreciar ese ritmo cadencioso y sin altibajos en el trabajo, sin un atisbo de estrés, con leves señas para controlar ritmos y no alterarse, incluso cuando les pedí ir algo más lentos en la degustación, y se acompasaron perfectamente. No había prisa, y aquello había que disfrutarlo con calma, aunque acabara conduciendo a que fuéramos los últimos comensales en abandonar el local, a eso de las 7 de la tarde.


Otro acierto total fue decidir en mesa acompañar los platos con un maridaje de vinos (y otros destilados) preparado a tal efecto, que nos permitió elevar aún más, si era posible, el nivel del propio menú.


Dos primeros entrantes plenos de sabor y diseño, con algún que otro guiño hacia el mundo del trampantojo que tan hábilmente ejecuta Diego en su cocina. Pato Pekín (praliné de foie entre placas de pato crujiente y remate de erizo), del que me habría comido una docena, y Mochi de huitlacoche (lo que parecía un canto rodado, en boca lo sentías como una gominola que explotaba y aparecía una crema de queso y hongo del maíz, realmente deliciosa); ambos platos fueron maridados con un espumoso austriaco que  daba un perfecto punto de acompañamiento : Schloss Gobelsburg Brut Reserve (sensacional coupage de Pinot Noir, Riesling y Grüner Veltliner).



Seguimos con un momento divertido, de engaño y trampantojo, cuando en mesa llegó un fabuloso atún rojo crudo envuelto en praliné y vi llegar a una de las excelentes camareras que nos atendió (en total fueron 5) con lo que pensaba que era una raíz de wasabi y cubrió de ralladura del mismo todo el plato, tras preguntarnos si nos gustaba lo picante. Sin más explicación, probamos esta fascinante creación, y aquello sólo dejaba un leve toque picante final. Claro, el plato era Atún, toffee y "foiesabi"; ¿lo entendeis ahora? Sorprendente y en perfecta armonía el sake que lo acompañó : Dewazakura Sansan.




Aparecía en la mesa una sidra francesa de pera, Manoir du Kinkiz Cuvée Blanche. Producto perfectamente acoplado con el siguiente curioso plato : Pulpo, llama y tomatillo. Un maridaje lleno de frescor.



Y tocaba el turno de uno de los ya clásicos de Diego Guerrero, no por eso menos sorprendente : Raviolis de alubias de Tolosa en infusión de berza. Sabor concentrado e intenso, realmente maravilloso, un plato de matrícula de honor. Y para seguir sorprendiendo, gran pareja de baile la surgida con un vino de Madrid, de uva albillo, un blanco con crianza de Bodega Marañones, Pies Descalzos 2013.



Ya casi con la cuenta perdida, llegaba otro buen plato, Castañuela braseada en hoja de higuera con curry de coco, rematado con unos camarones. Y si el plato estaba realmente rico, de bebida disfrutamos de la cerveza que ha creado D'STAgE, algo muy diferente, artesanal y con toques de jengibre, absolutamente espectacular.



El siguiente plato fue uno de los que más nos gustó, pleno de sabores, matices, texturas. Lo denominan De La primavera al verano, y va cambiando el nombre en base a las estaciones en las que nos encontremos; consiste en una crema de apionabo y toques de trufa, que se termina de elaborar en la mesa, y se monta en el plato sobre cebolletas tiernas (asadas como calsots), setas de temporada (perrechicos y rebozuelos), tupinambo infusionado en aceite de vainilla, guisantes tiernos tipo lágrima (una explosión de sabor y frescor en boca) y varios brotes (china, hinojo, perifollo, pino, perejil rizado), coronando con una hoja de borraja y una pequeña flor de lobelia. Un plato magistral, compendio de sensaciones. Pero es que el maridaje no se quedó atrás ni mucho menos, ya que tomamos el que pudo ser el mejor de los vinos de la degustación (no pude reprimirme en pedir una segunda copa, que nos sirvieron gustosamente), un Godello de Valdeorras del 2006, en perfecto estado y punto, fermentado en barrica : Guitian.




Y seguíamos allí con ganas de que aquello no acabase. Tocaba disfrutar de un vino elaborado expresamente para el concepto de Diego, intentando conjugar sus dos grandes pasiones, música y cocina; desde la Ribeira Sacra llegaba Sartenes o Canciones 2013. Acompañó de forma equilibrada y acertada a un Salmonete en salmuera con escama crujiente; un buen plato, pero como le trasladé al propio Diego, el que menos me sorprendió de todo lo degustado, ya que estando bueno, no me aparecían todo ese conjunto de matices de otros platos.



Parecía lógico terminar con una carne, pero no podía ser cualquiera, para mí la mejor carne que he comido jamás, sencillamente sublime; es El solomillo del carnicero, presentado en una caja con sus ascuas para aparecer en un punto más que perfecto. Desde Argentina, país de grandes carnes y vinos que las saben acompañar, un Malbec de Valle del Uco, Piedra Negra Reserva 2012.



Para limpiar de sabores, Hoja de Mají con gelatina de margarita. Saltábamos a los dulces, y junto a una de las escasas botellas de Dulce de Invierno de Javier Sanz (Rueda - Valladolid), Palomitas de maíz con tocino de cielo y fresas.




Todavía andaba flotando como en una nube (ese tocino de cielo en forma de yema no me podía llevar a otro sitio), cuando llegó la sorpresa final, Ajo morado. Impresionante (se me acaban los adjetivos), ese envoltorio de merengue duro relleno de una crema deliciosa.


Dado que nos alargamos más que ninguna otra mesa, Diego se acercó a nosotros (al igual que al resto) en último lugar, y pudimos charlar un rato, confirmando lo que percibí en la comida : es un gran tipo. Le felicité, no sólo por los magníficos platos que elaboran, sino por ese gran equipo que ha preparado, por esa forma de trabajar relajada y aplicada, sin aparente error, e incluso por lo que entendía que era una gran relación calidad - precio (y eso que hablamos de un menú de 88 € más otros 30 € del maridaje de vinos).


Y como fin de fiesta, dos buenas elaboraciones de Gin Tonic, una de Sipsmith y otra de William Chase. En definitiva, recomendable 100%; cuando me sea posible, volveré. Lo dicho, una experiencia difícil de olvidar.



D'STAgE
C/ Regueros, 8
28004 Madrid
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